A veces me dan ganas de gritar que a los habitantes de Santander nadie nos mira, que los medios nos ignoran, que desconocen nuestras realidades.
Un amigo me dijo que esa era la consecuencia de perder la guerra de los Mil Días. A Santander lo partieron en dos partes y lo excluyeron de las regalías de Panamá. Pero eso pasó hace cien años!
Me dan ganas también de elaborar argumentos parecidos a los de mis paisanos costeños y antioqueños a raíz de los últimos acontecimientos. Me contengo porque sé que en todas partes hay buenas y malas personas. Dejémonos de pendejadas como la santandereanidad, antioqueñidad y otras bobadas.
Hace unos años pensaba que este país comenzaba a aceptar su realidad mulata y mestiza pero creo que estaba equivocado, pensaba con el deseo. Sentimos un gran desprecio con las gentes del Chocó y poco hemos hecho para nivelar a Colombia.
Ese acuerdo al que siempre hago alusión tiene que pasar por entender, de una vez por todas, que si hacemos esfuerzos gigantes para tener un desarrollo nacional más homogéneo los problemas de violencia irán disminuyendo.
La semana pasada estuve tres días en Bogotá, ciudad que me encanta y siento propia porque allá hice mis estudios universitarios y trabajé en mis inicios. ¿Qué habría sido de este país si la capital de Colombia se hubiese localizado en una ciudad de tierra caliente como Honda o Girardot?
No quisiera recordar lo que sentía cuando varias veces tuve que atender a visitantes de esa región que de manera horrible llaman el eje cafetero. Se declaraban sorprendidos por el desarrollo urbanístico y el progreso de Bucaramanga. ¿No les parece que eso es el colmo del provincianismo, la ignorancia y la arrogancia?
martes, abril 17, 2007
domingo, abril 15, 2007
Fuera bandidos!
Por ninguna razón se puede aceptar o tolerar a esos personajes que de pronto irrumpieron en la vida nacional y llegaron de malas maneras a altas investiduras del estado y ostentaron su dinero mal habido.
Dizque estaban defendiendo a la sociedad. En lo único que pensaron fue en enriquecerse.
En su oportunidad muchos lo dijimos y no prestaron atención.
Es la hora de la verdad. Nunca un crimen ha tenido justificación!.
Dizque estaban defendiendo a la sociedad. En lo único que pensaron fue en enriquecerse.
En su oportunidad muchos lo dijimos y no prestaron atención.
Es la hora de la verdad. Nunca un crimen ha tenido justificación!.
sábado, abril 14, 2007
Pasion por la aviacion
Tuve la fortuna de nacer en una ciudad que tenía un aeropuerto situado en lo que hoy puede ser el centro de la ciudad.
Volé por primera vez cuando era muy pequeño en los DC3 de Taxader y Avianca rumbo a Bogotá y a Barranquilla. Recuerdo un ventoso aeropuerto de Techo y los pequeños aeropuertos al borde del río Magdalena en los que se detenían los DC3 en sus viajes a la Costa.
Mi mejor juguete fue una avión de metal que plegaba las alas como los cazas monomotores de la Segunda Guerra Mundial. Creo que era un Corsair pero no lo puedo asegurar porque mi mamá que no bota nada, de esos aviones si se deshizo. Lo he preguntado en diversos almacenes de niños en Estados Unidos porque quería comprarlo para mis hijos varones que ahora comparten mi pasión. Pero nada, solamente los vi en una película de hace unos años.
Aún no entiendo porque no fui piloto. Pero aún levanto mis ojos al cielo cuando siento el ruido de un avión. Y como siempre ocurre uno se queda con lo que vio en la infancia.
En 1990 coincidí en un viaje con un israelí que trabajaba en el equipo de gobierno del partido Likud. Nos hicimos grandes amigos y una noche cuando hacíamos las reservas de nuestros viajes de regreso, mi amigo, judío al fin y al cabo, se puso a revisar las tarifas de los tiquetes aéreos. Y con fina ironía concluyó que la geografía había cambiado porque era más barato viajar de Tel Aviv a Nueva York en Panamerican que de Bogotá a la misma ciudad en Avianca.
Recientemente recordé esta historia porque me encontré con una noticia sobre el proyecto que algunos empresarios de oriente están gestando para hacer vuelos entre el sudeste asiático y Europa a precios más bajos que los que existen en temporadas bajas entre Colombia y Miami.
Usando el Internet, exactamente a travelocity.com, volví a comparar las tarifas entre Bogotá y Tel Aviv con Nueva York. Hemos avanzado, ahora son doscientos dólares más baratas las que se inician en esta tierra.
Cuando estaba en esas me encontré con otra noticia en la que se comentaba sobre la venta de acciones de Iberia y el posible interés de British Airways por adquirirlas. Una de las fortalezas de Iberia, decía el analista, eran sus tarifas a Latinoamérica frutos de convenios entre España y los países americanas. Pero se temía que al cambiar de manos esos privilegios podrían desaparecer.
Colombia que está en un proceso de globalización que apoyamos con energía, está aún muy atrasado en la liberación de los cielos. Si queremos que nos visiten muchos más turistas del exterior tenemos que deshacernos de estos convenios para que las tarifas se sitúen en los estándares internacionales.
¿En lugar de abrirle la puerta a empresas piratas como Air Madrid por qué no propiciamos que nos atiendan empresas como Southwest, Jetblue, Ryanair etc.?
lunes, abril 09, 2007
Reiner Maria Rilke
Letras
Se ha escrito que en Colombia hay más territorio que estado. Y no hay necesidad de ir al Chocó para darse cuenta de esa realidad.
Todos los días leo expresiones acerca de regiones o poblaciones “olvidadas por el estado”. Y escucho a personas que de manera airada demandan la intervención del estado para solucionar sus carencias.
Esas regiones olvidadas y personas furiosas han elegido sus representantes a los órganos de dirección del estado ya sea por convicción o a cambio de unos pocos pesos.
Nos quejamos por la falta de estado cuando estamos en estado de necesidad, pero todos los días hacemos cosas contra el estado o para desvirtuar sus fundamentos.
Y es que el estado colombiano propicia la rebeldía. A veces es absurdamente intervencionista y en otras está ausente. Somos celosísimos con revisar las etiquetas de los equipajes en los aeropuertos y terminales, estamos muy pendientes de inspeccionar el cumplimiento de los “picos y placas”, pero dejamos pasar muchas cosas, casi todas.
Para mencionar solamente algunos, nos gusta tomar el bus en cualquier parte, colocar avisos donde se nos antoja, detenernos a conversar en la mitad de una vía, sobornar a un policía, conducir borrachos en motocicleta etc. . Y por supuesto, no nos gusta pagar impuestos ya sea por evasión o porque los legisladores decidieron que solamente se cobran impuestos de renta a partir de cierto monto de ingresos anuales.
Esos que gritan frente al camarógrafo de televisión generalmente no pagan impuestos. Son pobres me dirán y yo respondo que sí y gracias a su actitud frente a la vida es muy probable que lo sigan siendo.
Este es un tema tabú en Colombia porque los políticos prefieren hacer promesas y otorgar subsidios en lugar de mejorar los sistemas para generar empleo en la población. Se proclaman defensores de los pobres pero lo que defienden son sus votos.
Desde la Colonia soñamos con un estado que no se meta en lo que nos interesa pero que nos socorra cuando lo necesitemos. Y otros creen que el estado es algo lejano que no nos pertenece pero que también nos tiene que dar cosas para saciar las escasas apetencias.
Es que los colombianos creemos todavía que al estado colombiano lo manejan unos pocos privilegiados. Creemos que no hacemos parte del estado y nos olvidamos del inmenso poder que nos ha dado la constitución.
La izquierda se preocupa de alimentar este sentimiento porque eso justifica a las guerrillas. Y aunque en los últimos tiempos dicen rechazar el camino de las armas para llegar al poder, con sus discursos dan a entender la no viabilidad de este sistema.
Como si los representantes de las izquierdas no hubieran tenido desde hace bastante tiempo una parte importante del poder público.
A comienzos de la década anterior la nación contemplaba como el narcotráfico y la guerrilla estaban acabando al país. Y una de nuestras respuestas fue la de fomentar la autodefensa de los ciudadanos. De una u otra manera, en lugar de calmar el fuego lo avivamos.
Y a unos ciudadanos dolidos, humillados y sin convicciones les dimos armas y poder para enfrentarse a la guerrilla. Al poco tiempo se dieron cuenta de la necesidad de mayores recursos e hicieron alianzas con los narcotraficantes que ya tenían sus propias estructuras de defensa. Y con la historia de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” muchas personas hicieron causa común con unos maleantes tan malos como los que se perseguían.
Al cabo de los años entendimos que solamente el estado tenía el poder de la Justicia. Pero el daño ya estaba hecho.
Colombia tiene que castigar a quienes desde una u otra orilla han cometido tremendas atrocidades y se han robado los fondos públicos.
Y eso no se hace desde una perspectiva totalitaria. Solamente con un democracia y como consecuencia de un nuevo pacto. Y no me refiero a los pactos de Ralito o de San Rafael de Lebrija. Se trata de ponernos de acuerdo con un modelo de país para salir adelante.
Y ese pacto debe conllevar la decisión individual de cambiar y de entender que el progreso no es individual sino colectivo.
Todos los días leo expresiones acerca de regiones o poblaciones “olvidadas por el estado”. Y escucho a personas que de manera airada demandan la intervención del estado para solucionar sus carencias.
Esas regiones olvidadas y personas furiosas han elegido sus representantes a los órganos de dirección del estado ya sea por convicción o a cambio de unos pocos pesos.
Nos quejamos por la falta de estado cuando estamos en estado de necesidad, pero todos los días hacemos cosas contra el estado o para desvirtuar sus fundamentos.
Y es que el estado colombiano propicia la rebeldía. A veces es absurdamente intervencionista y en otras está ausente. Somos celosísimos con revisar las etiquetas de los equipajes en los aeropuertos y terminales, estamos muy pendientes de inspeccionar el cumplimiento de los “picos y placas”, pero dejamos pasar muchas cosas, casi todas.
Para mencionar solamente algunos, nos gusta tomar el bus en cualquier parte, colocar avisos donde se nos antoja, detenernos a conversar en la mitad de una vía, sobornar a un policía, conducir borrachos en motocicleta etc. . Y por supuesto, no nos gusta pagar impuestos ya sea por evasión o porque los legisladores decidieron que solamente se cobran impuestos de renta a partir de cierto monto de ingresos anuales.
Esos que gritan frente al camarógrafo de televisión generalmente no pagan impuestos. Son pobres me dirán y yo respondo que sí y gracias a su actitud frente a la vida es muy probable que lo sigan siendo.
Este es un tema tabú en Colombia porque los políticos prefieren hacer promesas y otorgar subsidios en lugar de mejorar los sistemas para generar empleo en la población. Se proclaman defensores de los pobres pero lo que defienden son sus votos.
Desde la Colonia soñamos con un estado que no se meta en lo que nos interesa pero que nos socorra cuando lo necesitemos. Y otros creen que el estado es algo lejano que no nos pertenece pero que también nos tiene que dar cosas para saciar las escasas apetencias.
Es que los colombianos creemos todavía que al estado colombiano lo manejan unos pocos privilegiados. Creemos que no hacemos parte del estado y nos olvidamos del inmenso poder que nos ha dado la constitución.
La izquierda se preocupa de alimentar este sentimiento porque eso justifica a las guerrillas. Y aunque en los últimos tiempos dicen rechazar el camino de las armas para llegar al poder, con sus discursos dan a entender la no viabilidad de este sistema.
Como si los representantes de las izquierdas no hubieran tenido desde hace bastante tiempo una parte importante del poder público.
A comienzos de la década anterior la nación contemplaba como el narcotráfico y la guerrilla estaban acabando al país. Y una de nuestras respuestas fue la de fomentar la autodefensa de los ciudadanos. De una u otra manera, en lugar de calmar el fuego lo avivamos.
Y a unos ciudadanos dolidos, humillados y sin convicciones les dimos armas y poder para enfrentarse a la guerrilla. Al poco tiempo se dieron cuenta de la necesidad de mayores recursos e hicieron alianzas con los narcotraficantes que ya tenían sus propias estructuras de defensa. Y con la historia de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” muchas personas hicieron causa común con unos maleantes tan malos como los que se perseguían.
Al cabo de los años entendimos que solamente el estado tenía el poder de la Justicia. Pero el daño ya estaba hecho.
Colombia tiene que castigar a quienes desde una u otra orilla han cometido tremendas atrocidades y se han robado los fondos públicos.
Y eso no se hace desde una perspectiva totalitaria. Solamente con un democracia y como consecuencia de un nuevo pacto. Y no me refiero a los pactos de Ralito o de San Rafael de Lebrija. Se trata de ponernos de acuerdo con un modelo de país para salir adelante.
Y ese pacto debe conllevar la decisión individual de cambiar y de entender que el progreso no es individual sino colectivo.
sábado, marzo 31, 2007
Nocturno
Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
Sobre las altas ramas de lo cámbulos,
Ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
Que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
Que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
Canta su presencia y me aleja del sueño
Hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
En la noche fresquísima que chorrea
Por entre la bóveda de los cafetos
Y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
Ha regresado la lluvia sobre los cafetales
Y entre el vocerío vegetal de las aguas
Me llega la intacta materia de otros días
Salvada del ajeno trabajo de los años.
Álvaro Mutis
Maqroll el Gaviero
Sobre las hojas de plátano,
Sobre las altas ramas de lo cámbulos,
Ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
Que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
Que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
Canta su presencia y me aleja del sueño
Hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
En la noche fresquísima que chorrea
Por entre la bóveda de los cafetos
Y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
Ha regresado la lluvia sobre los cafetales
Y entre el vocerío vegetal de las aguas
Me llega la intacta materia de otros días
Salvada del ajeno trabajo de los años.
Álvaro Mutis
Maqroll el Gaviero
miércoles, marzo 28, 2007
¿Se puede renunciar a un fuero?
Anoche cuando me disponía a ver el debate sobre la privatización de las Electrificadoras, nos sorprendieron a los televidentes con la renuncia a su curul por parte del senador Álvaro Araújo Castro. Sobre este tema quiero hacer algunas consideraciones.
Los congresistas de Colombia, en razón a su investidura, tienen un fuero especial y son juzgados por la Corte Suprema de Justicia.
El senador Araújo cree que la Corte no le está dando un tratamiento justo y por eso renuncia para que su caso pase a la jurisdicción ordinaria. Además, afirma que en la justicia ordinaria los sindicados tienen el derecho a apelar la sentencia y eso no ocurre con los juzgamientos de la Corte Suprema de Justicia.
Todos los congresistas, de una u otra manera, coincidieron en que dado su carácter irrevocable la renuncia tenía que ser aceptada. Algunos expresaron su gran preocupación porque al aceptar esa renuncia en los términos en que se expresó implicaba darle la razón a Araújo en las motivaciones de su decisión.
Uno de ellos, que presumo sea penalista, argumentó algo mucho más inquietante que lo que dijo el dimitente. Dijo que había que aceptar la dimisión porque el senador Araújo tiene el derecho a someterse al soberano principio de la favorabilidad y por eso renunciaba al fuero especial.
El autor de estas letras que no es experto en derecho penal pero que tiene sentido común y recuerda las clases que recibió en la universidad piensa de otra manera.
Los congresistas tienen un fuero especial para protegerlos pero también para protegerse de ellos. Con la Corte tienen un Juez que no se va a dejar intimidar de terceros y tampoco del acusado. Pero en lo demás, el derecho sustantivo y procedimental no es distinto al de otro ciudadano. En otras palabras, el acusado no va a ser juzgado por normas distintas si pasa a la justicia ordinaria.
Creemos que al fuero no se puede renunciar porque sería burlar uno de los criterios que llevaron al constituyente a establecerlo. Un Juez colegiado en la capital representa mejor a la nación y al estado frente a un Congresista poderoso, que un Juez de un circuito cualquiera.
Si a una persona le parece que el juez o fiscal que adelanta su caso no está cumpliendo con su deber tiene varios caminos para hacer respetar sus derechos. Puede denunciarlo, recusarlo etc.
Vamos a ver la decisión que toma la Rama Jurisdiccional cuando venga la segura avalancha de renuncias de los congresistas que han sido privados de la libertad por la Corte Suprema de Justicia. ¿Tolerará ese intento de descrédito nuestra Corte?.
Los congresistas de Colombia, en razón a su investidura, tienen un fuero especial y son juzgados por la Corte Suprema de Justicia.
El senador Araújo cree que la Corte no le está dando un tratamiento justo y por eso renuncia para que su caso pase a la jurisdicción ordinaria. Además, afirma que en la justicia ordinaria los sindicados tienen el derecho a apelar la sentencia y eso no ocurre con los juzgamientos de la Corte Suprema de Justicia.
Todos los congresistas, de una u otra manera, coincidieron en que dado su carácter irrevocable la renuncia tenía que ser aceptada. Algunos expresaron su gran preocupación porque al aceptar esa renuncia en los términos en que se expresó implicaba darle la razón a Araújo en las motivaciones de su decisión.
Uno de ellos, que presumo sea penalista, argumentó algo mucho más inquietante que lo que dijo el dimitente. Dijo que había que aceptar la dimisión porque el senador Araújo tiene el derecho a someterse al soberano principio de la favorabilidad y por eso renunciaba al fuero especial.
El autor de estas letras que no es experto en derecho penal pero que tiene sentido común y recuerda las clases que recibió en la universidad piensa de otra manera.
Los congresistas tienen un fuero especial para protegerlos pero también para protegerse de ellos. Con la Corte tienen un Juez que no se va a dejar intimidar de terceros y tampoco del acusado. Pero en lo demás, el derecho sustantivo y procedimental no es distinto al de otro ciudadano. En otras palabras, el acusado no va a ser juzgado por normas distintas si pasa a la justicia ordinaria.
Creemos que al fuero no se puede renunciar porque sería burlar uno de los criterios que llevaron al constituyente a establecerlo. Un Juez colegiado en la capital representa mejor a la nación y al estado frente a un Congresista poderoso, que un Juez de un circuito cualquiera.
Si a una persona le parece que el juez o fiscal que adelanta su caso no está cumpliendo con su deber tiene varios caminos para hacer respetar sus derechos. Puede denunciarlo, recusarlo etc.
Vamos a ver la decisión que toma la Rama Jurisdiccional cuando venga la segura avalancha de renuncias de los congresistas que han sido privados de la libertad por la Corte Suprema de Justicia. ¿Tolerará ese intento de descrédito nuestra Corte?.
miércoles, marzo 21, 2007
A conversar Señores!
En varios de mis escritos anteriores he invocado la necesidad de hacer un gran acuerdo sobre las reglas que deben existir para que Colombia supere sus problemas actuales.
Me preocupaba el tono que han ido adquiriendo los voceros de la oposición porque con sus palabras están haciendo un rompimiento radical con el sistema que nos rige.
Y sucedió lo previsible. A esos personajes se les olvidó que su lenguaje, inquietante en el interior, resultaba fatal en el exterior. Ya muchos lo habían dicho, pero lo de la Senadora Córdoba llegó a unos niveles intolerables.
Y la reacción del Gobierno no se hizo esperar. El discurso del 20 de marzo en el Senado pronunciado por el Ministro Holguín fue contundente. Dijo algo muy cierto, que de una manera muy peligrosa el discurso del PDI y de algunos voceros del Partido Liberal se iguala a los planteamientos de las FARC.
Es ya demasiado tarde?. Los temperamentos de unos y otros me inquietan pero creo que ha llegado el momento de parar.
No se trata de detener los procesos en curso. Todo lo contrario, eso tiene que seguir y el Gobierno tendrá que seguir apoyando con mucha energía.
Si los lenguajes no cambian tenemos que prepararnos para una reacción social muy fuerte en contra de los líderes más caracterizados del PDI. Y eso sería terrible.
Definitivamente no entendí al doctor Horacio Serpa. Tuvo la oportunidad de demostrar sus dotes como administrador y estadista pero se perdió en un agrio debate interno con sus copartidarios y entró al mismo juego de deslegitimar al actual gobierno. Así como están las cosas, no creo que se pueda lanzar a la Gobernación de Santander porque sería derrotado.
Me preocupaba el tono que han ido adquiriendo los voceros de la oposición porque con sus palabras están haciendo un rompimiento radical con el sistema que nos rige.
Y sucedió lo previsible. A esos personajes se les olvidó que su lenguaje, inquietante en el interior, resultaba fatal en el exterior. Ya muchos lo habían dicho, pero lo de la Senadora Córdoba llegó a unos niveles intolerables.
Y la reacción del Gobierno no se hizo esperar. El discurso del 20 de marzo en el Senado pronunciado por el Ministro Holguín fue contundente. Dijo algo muy cierto, que de una manera muy peligrosa el discurso del PDI y de algunos voceros del Partido Liberal se iguala a los planteamientos de las FARC.
Es ya demasiado tarde?. Los temperamentos de unos y otros me inquietan pero creo que ha llegado el momento de parar.
No se trata de detener los procesos en curso. Todo lo contrario, eso tiene que seguir y el Gobierno tendrá que seguir apoyando con mucha energía.
Si los lenguajes no cambian tenemos que prepararnos para una reacción social muy fuerte en contra de los líderes más caracterizados del PDI. Y eso sería terrible.
Definitivamente no entendí al doctor Horacio Serpa. Tuvo la oportunidad de demostrar sus dotes como administrador y estadista pero se perdió en un agrio debate interno con sus copartidarios y entró al mismo juego de deslegitimar al actual gobierno. Así como están las cosas, no creo que se pueda lanzar a la Gobernación de Santander porque sería derrotado.
sábado, marzo 17, 2007
Donde nunca pasa nada
Estuve en una reunión de jóvenes en la que se expresaron muchas ideas y quizás pocas propuestas concretas.
A mi edad, se quieren escuchar y discutir iniciativas específicas, respaldadas en unos conceptos muy claros. En otras palabras, lo que no se pueda o quiera llevar a la práctica es apenas un ejercicio retórico casi inútil.
En la presentación varias veces se hacía alusión a una ciudad en donde nunca pasa nada.
Siempre están sucediendo cosas en mi interior y en mi exterior. Algunas de ellas tienen la facultad de propiciar un cambio drástico, violento como puede ser un accidente, una enfermedad severa, ganarse la lotería o una gran catástrofe natural. Pero la mayoría de las cosas que suceden no tienen esos alcances tan dramáticos. Ya sea porque son reflexiones, pequeños goces o problemas o porque son situaciones graves y delicadas de terceros o de otras sociedades que no nos afectan en nuestro diario quehacer.
A veces uno no se da cuenta de la magnitud de las cosas que suceden y solamente después se hace plena conciencia sobre ello. Lo mismo sucede con muchas decisiones personales o trabajos que se desarrollan en el presente.
Por ejemplo, entre 1985 y 1990 en mi vida sucedieron muchos hechos externos e internos que afectaron mi vida de manera irremediable.
Pero hoy, con una lentitud exasperante, se están produciendo cambios quizás más importantes en mi forma de ver la vida.
Nosotros estamos acostumbrados a querer y buscar siempre eventos extraordinarios, emociones fuertes porque en ausencia de grandes privaciones creemos que es la única forma de encontrar sentido a la vida.
Queremos aventuras, como pueden desearlo los habitantes de sociedades tranquilas como las escandinavas. Y se nos olvida pensar que a pocas cuadras viven varios compatriotas que no quieren más emociones fuertes, que lo que quieren es tranquilidad para progresar y vivir mejor.
A pesar de la indolencia y pereza de muchos y la desesperanza de otros, hay muchas cosas por hacer. Y estamos en el deber de emprenderlas comprometiendo a los que nos rodean.
La edad no importa.
A mi edad, se quieren escuchar y discutir iniciativas específicas, respaldadas en unos conceptos muy claros. En otras palabras, lo que no se pueda o quiera llevar a la práctica es apenas un ejercicio retórico casi inútil.
En la presentación varias veces se hacía alusión a una ciudad en donde nunca pasa nada.
Siempre están sucediendo cosas en mi interior y en mi exterior. Algunas de ellas tienen la facultad de propiciar un cambio drástico, violento como puede ser un accidente, una enfermedad severa, ganarse la lotería o una gran catástrofe natural. Pero la mayoría de las cosas que suceden no tienen esos alcances tan dramáticos. Ya sea porque son reflexiones, pequeños goces o problemas o porque son situaciones graves y delicadas de terceros o de otras sociedades que no nos afectan en nuestro diario quehacer.
A veces uno no se da cuenta de la magnitud de las cosas que suceden y solamente después se hace plena conciencia sobre ello. Lo mismo sucede con muchas decisiones personales o trabajos que se desarrollan en el presente.
Por ejemplo, entre 1985 y 1990 en mi vida sucedieron muchos hechos externos e internos que afectaron mi vida de manera irremediable.
Pero hoy, con una lentitud exasperante, se están produciendo cambios quizás más importantes en mi forma de ver la vida.
Nosotros estamos acostumbrados a querer y buscar siempre eventos extraordinarios, emociones fuertes porque en ausencia de grandes privaciones creemos que es la única forma de encontrar sentido a la vida.
Queremos aventuras, como pueden desearlo los habitantes de sociedades tranquilas como las escandinavas. Y se nos olvida pensar que a pocas cuadras viven varios compatriotas que no quieren más emociones fuertes, que lo que quieren es tranquilidad para progresar y vivir mejor.
A pesar de la indolencia y pereza de muchos y la desesperanza de otros, hay muchas cosas por hacer. Y estamos en el deber de emprenderlas comprometiendo a los que nos rodean.
La edad no importa.
miércoles, marzo 14, 2007
No mas aviones, por favor!
En los últimos años hemos intervenido de manera activa en los procesos de veeduría. Pero con la experiencia que tenemos en esta materia debemos afirmar que las veedurías se hacen bien, a fondo y con todas sus consecuencias, o no se hacen.
Y hacerlas bien demanda dinero, firmeza en las convicciones y persistencia. Justamente eso es lo que nos falta casi siempre.
Creo que un mejor camino sería el de hacerle a los funcionarios públicos que terminan su mandato un “juicio de residencia” parecido al que le hacía la Corona española a sus altos funcionarios.
Y es que es sencillo. Lo primero es comparar las declaraciones de impuestos de los últimos años antes, durante y una vez termine su mandato. Quien no justifique sus incrementos patrimoniales tendrá que ir a prisión. Y esto debe incluir a familiares cercanos y a empresas donde el funcionario o familiares tengan aportes de capital. Si se disfruta de un bien mueble o inmueble que pertenece a un tercero se deberá demostrar el arreglo contractual acorde con acuerdos similares en el marcado. Y hay muchas más herramientas que se pueden utilizar.
Lamentablemente la sanción social es muy débil. Se acepta que un funcionario reciba comisiones si puede mostrar realizaciones. Se dice con tranquilidad: “roba pero hace”.
No me resisto vivir en un país que no quiere cambiar y que acepta como normales casi todas las aberraciones que impiden el desarrollo y bienestar de la mayoría de la gente.
Será que en cada cabeza de Distrito Judicial podemos tener un par de Jueces que comiencen a actuar con energía y determinación? Si nuestros honorables magistrados siguen el camino que está trazando la Corte Suprema de Justicia, se podrán afinar muchos mecanismos penales para perseguir a los corruptos.
Y hacerlas bien demanda dinero, firmeza en las convicciones y persistencia. Justamente eso es lo que nos falta casi siempre.
Creo que un mejor camino sería el de hacerle a los funcionarios públicos que terminan su mandato un “juicio de residencia” parecido al que le hacía la Corona española a sus altos funcionarios.
Y es que es sencillo. Lo primero es comparar las declaraciones de impuestos de los últimos años antes, durante y una vez termine su mandato. Quien no justifique sus incrementos patrimoniales tendrá que ir a prisión. Y esto debe incluir a familiares cercanos y a empresas donde el funcionario o familiares tengan aportes de capital. Si se disfruta de un bien mueble o inmueble que pertenece a un tercero se deberá demostrar el arreglo contractual acorde con acuerdos similares en el marcado. Y hay muchas más herramientas que se pueden utilizar.
Lamentablemente la sanción social es muy débil. Se acepta que un funcionario reciba comisiones si puede mostrar realizaciones. Se dice con tranquilidad: “roba pero hace”.
No me resisto vivir en un país que no quiere cambiar y que acepta como normales casi todas las aberraciones que impiden el desarrollo y bienestar de la mayoría de la gente.
Será que en cada cabeza de Distrito Judicial podemos tener un par de Jueces que comiencen a actuar con energía y determinación? Si nuestros honorables magistrados siguen el camino que está trazando la Corte Suprema de Justicia, se podrán afinar muchos mecanismos penales para perseguir a los corruptos.
lunes, marzo 12, 2007
Vanguardia Liberal
Desde que tengo memoria sé que sus propietarios han usado el periódico como un arma contra quienes consideran sus enemigos.
En algunas ocasiones, debo reconocerlo, compartimos apreciaciones sobre ciertos personajes de la vida regional. Pero en los últimos años hemos comprendido que gracias a ese particular estilo lo que hacen es engrandecer a sus enemigos.
Casi todo el mundo, de una u otra manera, siente que ese diario le ha causado una ofensa injustificada en el transcurso de su vida. Ellos dirán que así es el periodismo y que no tienen contemplaciones con nadie en especial. Pero eso no es cierto porque sí tienen favoritos. Y favoritos que por razones graves o nimias pueden caer en desgracia.
Pero todo esto que he escrito tiene un objetivo concreto. Los días 11 y 12 de marzo de 2007 han aparecido avisos en primera página de Vanguardia Liberal de Bucaramanga en donde se conmina a comparecer a un vendedor de carne que no ha pagado una deuda a una de las empresas del accionista mayoritario del periódico.
Pobre diablo ese personaje que osó no pagarle una deuda al dueño de Vanguardia. ¿Se atreverá a hacer lo mismo con una persona que tenga acceso a abogados o a otros medios de defensa?
Vivir en provincia es agradable pero se expone uno a esas arbitrariedades. En otras partes de Colombia pueden suceder cosas peores.
En algunas ocasiones, debo reconocerlo, compartimos apreciaciones sobre ciertos personajes de la vida regional. Pero en los últimos años hemos comprendido que gracias a ese particular estilo lo que hacen es engrandecer a sus enemigos.
Casi todo el mundo, de una u otra manera, siente que ese diario le ha causado una ofensa injustificada en el transcurso de su vida. Ellos dirán que así es el periodismo y que no tienen contemplaciones con nadie en especial. Pero eso no es cierto porque sí tienen favoritos. Y favoritos que por razones graves o nimias pueden caer en desgracia.
Pero todo esto que he escrito tiene un objetivo concreto. Los días 11 y 12 de marzo de 2007 han aparecido avisos en primera página de Vanguardia Liberal de Bucaramanga en donde se conmina a comparecer a un vendedor de carne que no ha pagado una deuda a una de las empresas del accionista mayoritario del periódico.
Pobre diablo ese personaje que osó no pagarle una deuda al dueño de Vanguardia. ¿Se atreverá a hacer lo mismo con una persona que tenga acceso a abogados o a otros medios de defensa?
Vivir en provincia es agradable pero se expone uno a esas arbitrariedades. En otras partes de Colombia pueden suceder cosas peores.
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viernes, marzo 09, 2007
Ley Seca
Hace unos meses llegué a un pueblo de Santander para asistir al otro día a un consejo comunal del presidente de la república. Eran las cinco y treinta de la tarde y pedimos una cerveza en una de las tiendas de la plaza principal.
Amablemente nos sirvieron una cerveza a cada uno pero nos advirtieron que a partir de las seis de la tarde se iniciaba una veda de alcohol o “ley seca” como la llamamos en Colombia.
Me viene a la mente este recuerdo porque con motivo de la visita del Presidente Bush a Bogotá, las autoridades han proclamado nuevamente la restricción de consumo de bebidas alcohólicas. Que se aplique en Bogotá me parece un anacronismo, pero que se aplique en una ciudad como Bucaramanga a más de cuatrocientos kilómetros de distancia me parece una estupidez.
Al parecer todavía no olvidamos al borracho de pueblo que lanzaba vivas al partido político de sus amores y abajos al de sus desafectos.
Será que nada ha cambiado? Me temo que esto de la restricción del alcohol y la prohibición del acompañante en las motocicletas son una especie de fórmula sacramental de las autoridades de policía.
En Colombia ni olvidamos ni aprendemos
Amablemente nos sirvieron una cerveza a cada uno pero nos advirtieron que a partir de las seis de la tarde se iniciaba una veda de alcohol o “ley seca” como la llamamos en Colombia.
Me viene a la mente este recuerdo porque con motivo de la visita del Presidente Bush a Bogotá, las autoridades han proclamado nuevamente la restricción de consumo de bebidas alcohólicas. Que se aplique en Bogotá me parece un anacronismo, pero que se aplique en una ciudad como Bucaramanga a más de cuatrocientos kilómetros de distancia me parece una estupidez.
Al parecer todavía no olvidamos al borracho de pueblo que lanzaba vivas al partido político de sus amores y abajos al de sus desafectos.
Será que nada ha cambiado? Me temo que esto de la restricción del alcohol y la prohibición del acompañante en las motocicletas son una especie de fórmula sacramental de las autoridades de policía.
En Colombia ni olvidamos ni aprendemos
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